De pequeña me encantaban las atracciones. Siempre me lo recuerdan. Mi favorita, sin duda, era la montaña rusa, cuanto más grande mejor. Adoraba esa sensación que invadía mi cuerpo cuando entregaba el ticket y me ponían el cinturón, el ansia porque empezara era incontrolable. Una vez puesta en marcha y cuando la vagoneta empezaba a subir, simplemente me aburría, iba tan lenta..... Pero en seguida al llegar a la cima, el miedo se apoderaba de mí. Esos 5 segundos que tardabas en lo más alto de la montaña rusa, para seguidamente bajar a toda velocidad sintiendo como el aire te azotaba la cara eran espeluznantes. Gritaba mucho, gritaba en parte por miedo a que los frenos no funcionasen, y por otra parte por el frenesí que sentía. Una y otra vez, subía para volver a bajar. Miedo, alegría, miedo, alegría...Un vaivén de sensaciones.
Como la vida misma.
Como la vida misma.
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